Según el antiguo testamento Jacob tuvo un sueño en el que vió una escalera que iba hacia el cielo y por la que subían y bajaban ángeles. San benito interpretó la escalera como una representación de los doce grados (o escalones) de la humildad. No aspiro a cumplir con los grados o escalones de la humildad (Scala humilitatis) establecidas por San Benito en el capítulo VII de su Regla pero ello me impide esforzarme por expresar, cada vez que tengo la ocasión y el contexto se presta a ello, que nada de lo que soy, ninguno de los éxitos alcanzados, se debe a otra cosa a la voluntad de Dios y que ningún mérito me corresponde en ello. Ciertamente así lo siento pues soy plenamente consciente de mis limitaciones.
Otra interpretación que se le ha dado al sueño y a la escalera es la de expresar la conexión entre lo divino y lo humano lo cual en mi opinión es pefectamente compatible con el mérito divino de todo logro humano que acabo de expresar pues es precisamente esa conexión de Dios con el hombre y del hombre con Dios lo que permite a Dios obrar nuestros logros y a nosotros rechazar todo mérito alzando la vista a Dios.
Murillo representó el sueño de Jacob con su maestría habitual mostrándonos la escalera y a los ángeles y el hueco entre las nubes tras el cual se encuentra la Divinidad.

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