La adoración de Jesús.

La adoración de Jesús.

Desde que Jesús sembró la semilla de su mensaje y esté se extendió por el Imperio Romano occidente incorporó el amor al prójimo como una norma de conducta a la que había que aspirar. Ello impregna nuestra esencia cultural y está presente bajo las mas diversas formas incluso en los textos legales y políticos de aparente mayor laicidad. Está en nuestra cultura y tiende a impregnar a otras.

No es extraño ni casual que la cultura occidental haya resplandecido hasta el presente porque la altura moral el mensaje de Jesús no puede ser superada.

Nadie podrá nunca podrá crear una doctrina superior a la de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.

El mensaje de amar a Dios no debe ser entendido como el amor a una individualidad identificable con un determinado sujeto. El amor a Dios es el amor a la voluntad creadora a la que todo y todos debemos la existencia.

El amor a Dios es el amor a la misma voluntad creadora que nos ordena amar al prójimo como a uno mismo.

Por eso muchos hombres de fe y santos han llegado a percibir a Dios en todas las cosas. Porque eso, la voluntad creadora de todas las cosas, desde el principio y hasta el final delos tiempos, eso, es Díos.

Dios resplandece en cada cosa como el niño Jesús, como Dios hecho hombre, resplandece e ilumina los rostros de María y de todos circunstantes en la obra “Adoración de los pastores” de 1612 que se en encuentra en el Museo del Prado en Madrid.

Varios lustros antes (entre 1596 y 1600) había pintado otra obra del mismo nombre para el retablo de la iglesia del colegio de doña María de Aragón que era un seminario agustino. Se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Rumanía y es de gran belleza también;

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